No se cae el cielo,
ni parece el fin del mundo,
el sol se ha equivocado de estación,
y aunque no sea su turno,
agradezco este calor.
Como soy medio marino,
echo en falta la humedad,
el olor del agua en el camino,
y nubes tapando la claridad.
Esa quietud taciturna,
precediendo a la
tempestad,
envolviendo el cielo en una bruma,
antes de derrumbar.
Me apetece hacer una
locura,
salir a la calle desnuda,
mojarme y enfriarme con el viento,
deshacerme de la cordura,
y encerrarla para siempre muy dentro.
No se cae el cielo,
Ni parece el fin del mundo,
Aunque a veces anhelo,
El tronar de este cielo mudo.
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