Busca refugio en
cualquier boca extraña,
y siempre al
anochecer,
pero su corazón se
estremece cuando vuelve a ser.
Con su soledad se
encierra en la oscura jaula del querer,
sin poder dar un paso
por miedo a ceder,
su coraza de acero
más bien parece cristal,
frágil y transparente
que todo el mundo rompe al amar.
Pobre condenado a la
soledad,
tu cuerpo y tu alma
apagándose van,
por miedo al dolor en
tu lecho de muerte te hayas solo ahora,
pronunciando las
últimas palabras que nadie recordará,
porque por tu
cobardía tu corazón un triste día dejó de amar.
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