Estoy tan cansada, que ni aprecio el dolor,
como un pez fuera del agua,
dando coletazos en la nada,
palos de ciego en un mundo,
que nunca se para,
y todo gira tan deprisa,
que apenas disfruto de la estancia.
Estoy tan cansada, que mis piernas andan solas,
automatizando el ritmo de mis pasos,
camino ausente entre triunfos y fracasos,
aprendo lecciones que olvido sin querer,
ya tan solo me siento envejecer,
y me ahogo entre risas funestas,
entre océanos de gente con figura siniestra.
Estoy tan cansada, que ni siento ni padezco,
y aunque no lo merezco,
aún te sufro en el silencio,
y percibo la compañía,
de tu alma descarnada,
a milenios en el tiempo,
de mi estrella helada.

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