manchado con tinta de secretos ocultos,
visibles a ojos en duermevela,
con hojas en blanco donde confesar,
que las letras me hacen respirar,
sin renglones ni cuadrículas,
pues mi mente no esta sujeta a normas ridículas,
con las tapas duras,
para defenderme de la cordura,
custodiado por monstruos centenarios,
protectores de mi corazón imaginario.
Tengo un cuaderno oscuro donde viven mis rarezas,
y serán todas tuyas si me besas.

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