4 de julio de 2012

Flor.


Mis manos frías enredaderas sobre tu espalda,
 a la vez que te abrazan me atan a ti,
Y tu pelo negro que sin quererlo enreda el viento,
 jugando con sus figuras hasta que cese la tormenta.

Me preguntas a que huelo,
 huelo al  mar que me abraza en sueños,
 huelo al manto de estrellas que tengo por abrigo,
 y el aire que camina y reposa sobre mi espalda el aliento de una rosa ya marchita.

No te preguntes como puede ser eso,
 pues la rosa que alguien corta pierde pronto su belleza,
 mas la rosa que nadie toca, se entristece al recibir solo las invisibles caricias del viento.

Hay, si yo pudiera ser rosa cortada en tus manos,
 clavarte una espina y permanecer eternamente dentro de ti.

Mas no llego si quiera a una triste violeta,
 que igual de hermosa refleja la tristeza que inunda mi alma al ser castigada por soñar tan alto.

Perdona si he querido embriagarte del aroma de un querer,
 simulando ser rosa cuando solo llego a  ser clavel.

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