La
conciencia es un martillito que golpea un cincel y se dedica a moldear nuestros
actos con el fin de que logremos hacer lo que debemos y no lo que queremos en
realidad, anula nuestros sentimientos, nuestras apetencias mas puras, los
deseos salvajes de lobos a media luna y los transforma en indefensos
corderitos, angelitos con alas de hoja de cristal que actúan de este modo solo
para no dañar al prójimo.
Remendamos
nuestras sucias alas de cristal limpiando nuestra conciencia con la lengua,
lamiendo los sucios filos cortantes de la mentira, porque suprimimos nuestros
impúdicos deseos, los que nos parece que no están bien por miedo al dolor que
podamos causar.
Las
heridas de nuestra lengua no nos dejan pronunciar lo que en realidad deseamos
decir, esbozamos verdades a medias, la sangre nos mancha la ropa, nos marca
para que sepamos, para que recordemos nuestros deseos mas ocultos, esos que
callamos y transformamos en mentiras, nos mentimos a nosotros mismos.
Queridos
Ángeles de alas de cristal, no lamáis vuestros afilados instintos, revelaos
contra vuestra conciencia destructiva, dejad fluir lo que en verdad os pide el
cuerpo, como lobos a media luna, como animales en celo, la tosquedad de
vuestros instintos guarda el mas bello de los deseos, saciar las necesidades
primarias propias de una bestia...
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